Porque es bueno abrir los ojos al mundo. Y, tan bueno también, volverlos luego a la propia interioridad.
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lunes, 12 de marzo de 2012
VUELTEANDO POR EL SHOPPING
Marzo se pegotea húmedo a la piel, mientras espero que sean las 10 para que abra el shopping.
El calor acumulado del verano, rodando en gruesas gotas por mi cara y mi cuerpo, me llena de enojo e impaciencia.
Otros diez o quince, esperan conmigo.
Mientras, miramos más allá del cristal: el cancerbero, perdón!!!!: el guardia : pantalón oscuro con línea amarilla marcando su largo; camisa impecable; peinado llovido;
fresco joven cómodo, agitando con parsimonia las llaves que -de un momento a otro- abrirán la entrada de ese paraíso de frescura en el que él respira ahora impávido.
Diez.
Diez y un minuto.
Nos mira desde dentro e imagino que es su instante de gloria de este día. Él tiene el poder. Y lo disfruta con fruición. Esto sólo, justifica su mirada de parpadeo ausente, mentón arriba; esa parada de soldado enhiesto, firme, y el rítmico clik clak de su llavero...
Ya somos más de veinte los que -sin palabras sólo gesto- suplicamos por un poco de sombra y aire fresco.
Diez y tres.
Diez y cuatro.
Diez y seis!!!: ceremonioso gesto para quitar una cadena vieja fea y, despaciosamente -no sea que mi amigo el guardia se agite-, decide darle fin a nuestra "avernal "espera.
Una vez dentro, dejo que el aire fresco me acaricie y, mientras sonrío, pienso: "ya tuvo su momento de poder en este día"; las llaves en su mano se lo confirieron.
¡ Podrá ahora transitar, reforzado, su jornada!!!
(Pequeños pliegues del corazón humano)
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